
Algunos pueden alejarte de la persona en la que quieres convertirte.
Hace unos días, escuchando una entrevista de Oso Trava con Janan Knust, hubo una idea que me hizo reflexionar: nuestra tendencia a buscar shortcuts, esos caminos más rápidos que prometen acercarnos a lo que queremos conseguir.
Y pensé: ¿cuántas veces queremos alcanzar una meta sin atravesar el proceso que nos prepara para ella?
Queremos resultados, pero no siempre estamos dispuestos a experimentar la incomodidad que implica crecer.
En cualquier profesión sucede.
Hay actividades que preferimos evitar porque nos incomodan, nos exponen al rechazo o simplemente porque creemos que ya las dominamos.
Pero muchas veces son precisamente esas actividades las que necesitamos practicar para desarrollar verdadera maestría.
No todos los atajos son malos. El problema aparece cuando, por evitar la incomodidad, también evitamos el aprendizaje.
(aumentar tamaño de subtitulo y poner en negritas) ¿Qué estás dispuesto a sacrificar para llegar?
Otra de las reflexiones de Janan tiene que ver con la integridad.
A lo largo de nuestra vida enfrentamos decisiones en las que hacer lo correcto puede resultar incómodo, costoso o incluso perjudicial en el corto plazo.
Y es ahí donde nuestros valores dejan de ser palabras bonitas para convertirse en decisiones.
Me quedé con una idea poderosa: llega un momento en el que no eliges hacer lo correcto porque alguien te está observando, sino porque simplemente es parte de quien eres.
La identidad se construye con las decisiones que repetimos, especialmente cuando nadie está mirando.
Esto también aplica a las empresas.
La cultura no se define solamente por los valores escritos en una pared, sino por aquello que las personas hacen consistentemente, incluso cuando resulta más fácil tomar otro camino.
(aumentar tamaño de subtitulo y poner en negritas) Tener confianza sin sentirte el centro del universo
También me llamó la atención una aparente contradicción: reconocer que no somos el centro de todo y, al mismo tiempo, confiar profundamente en nuestra capacidad de construir algo extraordinario.
Creo que ambas ideas pueden convivir.
Puedes tener grandes aspiraciones sin sentirte superior a nadie.
Puedes confiar en tus capacidades y reconocer que todavía tienes muchísimo que aprender.
Y puedes tomarte muy en serio tu trabajo sin tomarte todo personalmente.
La humildad nos permite seguir aprendiendo. La confianza nos permite atrevernos a actuar.
Necesitamos ambas.
(aumentar tamaño de subtitulo y poner en negritas) El propósito cambia nuestra manera de trabajar
Otra idea que me gustó fue la importancia de comprender por qué hacemos lo que hacemos.
Porque cuando tienes claridad sobre tu propósito, el trabajo deja de ser únicamente una sucesión de tareas o metas económicas.
Comienzas a preguntarte qué problema estás resolviendo, a quién estás ayudando y qué impacto quieres generar.
En mi profesión, por ejemplo, no se trata solamente de hablar de seguros, inversiones o rendimientos.
Se trata de comprender qué quiere construir una persona con su dinero y ayudarla a tomar mejores decisiones.
Y para eso hace falta algo que también se mencionó en la conversación: estar genuinamente presente.
Escuchar sin estar pensando únicamente en qué responder.
Observar.
Preguntar.
Tener curiosidad.
Porque muchas veces las necesidades más importantes de alguien no aparecen en su primera pregunta.
(aumentar tamaño de subtitulo y poner en negritas) Que la tecnología no sustituya nuestra curiosidad
Finalmente, hubo una reflexión sobre la inteligencia artificial que me pareció especialmente oportuna.
Hoy tenemos herramientas capaces de resolver en segundos tareas que antes requerían horas.
Eso es extraordinario.
Pero también existe un riesgo: acostumbrarnos tanto a recibir respuestas que dejemos de hacernos preguntas.
La tecnología puede ayudarnos a trabajar mejor, pero no debería reemplazar nuestro criterio, nuestra imaginación ni nuestras ganas de comprender.
Leer, cuestionar, experimentar, equivocarnos y aprender siguen siendo parte fundamental de nuestro crecimiento.
(aumentar tamaño de subtitulo y poner en negritas) El éxito también está en quién te conviertes
Después de escuchar estas ideas, me quedé pensando que quizá una de las preguntas más importantes no sea cómo llegar más rápido a nuestras metas.
Sino:
¿En qué persona me estoy convirtiendo mientras intento alcanzarlas?
Porque de poco sirve conseguir algo extraordinario si durante el camino sacrificamos aquello que nos hace valiosos.
No se trata de elegir siempre el camino más difícil.
Se trata de reconocer cuándo un atajo nos ahorra trabajo innecesario y cuándo nos está costando algo mucho más importante: nuestro aprendizaje, nuestros valores o nuestra integridad.
Al final, el éxito no debería medirse solamente por lo que conseguimos, sino también por la persona en la que nos convertimos para conseguirlo.