
A la cuarta fue la vencida.
El 24 de septiembre recibí una noticia que llevaba bastante tiempo esperando: aprobé CFA Level I.
Confieso que tenía cierto temor de conocer el resultado. Venía regresando de vacaciones y me tomó unos días terminar de asimilar lo que significaba.
Después de cuatro intentos, se siente increíble.
Pero cuando finalmente pude sentarme a pensarlo con calma, me di cuenta de algo: la mayor satisfacción no estaba solamente en haber aprobado.
Estaba en reconocer quién tuve que convertirme durante el proceso para conseguirlo.
Cuando aprobar era el objetivo
Decidí comenzar el CFA Program porque quería profundizar seriamente mis conocimientos sobre finanzas e inversiones.
Después de más de 12 años trabajando como asesor financiero y de seguros, tenía conocimientos y experiencia, pero el programa me llevó a un nivel de profundidad completamente diferente.
Había conceptos financieros que nunca había estudiado de esa manera. Y había un reto adicional: todo era en inglés, que no es mi idioma nativo.
Así que no solamente tenía que aprender finanzas. Tenía que comprender el lenguaje, interpretar correctamente las preguntas y realmente interiorizar las ideas.
En mis primeros intentos estaba demasiado concentrado en una cosa:
aprobar.
Quería el resultado, el reconocimiento y demostrarme que podía hacerlo.
Hasta que llegó el tercer intento… y tampoco sucedió.
De buscar reconocimiento a encontrar propósito
Después de ese resultado tuve que detenerme.
Reflexioné, medité y me hice una pregunta bastante sencilla:
¿Por qué quiero seguir haciendo esto?
Y mi respuesta cambió.
Estoy aquí porque quiero aprender. Porque genuinamente disfruto las finanzas. Porque quiero tener mejores herramientas para mis clientes y porque esto forma parte del profesional y del empresario en el que quiero convertirme.
Pero también tuve que cambiar algo más profundo: volver a confiar en que podía hacerlo.
Entender que un resultado anterior no definía mi capacidad. Que sí tenía las capacidades intelectuales para enfrentar un reto de este nivel, aunque implicara estudiar conceptos que nunca había visto, hacerlo en otro idioma y equivocarme muchas veces durante el camino.
El reto seguía siendo el mismo.
Lo que había cambiado era la manera en la que yo lo estaba enfrentando.
Esta vez estudié diferente
No necesariamente estudié más.
En intentos anteriores también podía sentarme dos horas a estudiar sin falla.
Esta vez la diferencia fue otra: aprendí a estudiar mejor.
Si tenía hora y media para estudiar, esa hora y media era realmente para estudiar. Sin estar haciendo otras cosas al mismo tiempo. Con concentración, intención y, algo que antes no siempre sucedía, disfrutando el proceso.
También incorporé herramientas de inteligencia artificial para explicarme conceptos desde distintos ángulos, cuestionarme y profundizar cuando algo no terminaba de hacerme sentido.
Y cuando me equivocaba, dejé de preocuparme solamente por encontrar la respuesta correcta.
Empecé a preguntarme:
¿Por qué me equivoqué? ¿Qué concepto no estoy entendiendo? ¿Qué hay detrás de esta respuesta?
Claro que hay cosas que tienes que memorizar. Pero poco a poco dejé de estudiar para recordar respuestas y empecé a estudiar para comprender y conectar ideas.
De ahí me llevo probablemente una de mis mayores conclusiones:
No se trata de memorizar para aprobar, sino de comprender para saber aplicar.
CFA también me enseñó cosas que no vienen en el temario
Durante estos meses tuve que equilibrar estudio, trabajo, clientes, responsabilidades profesionales, familia, pareja y mi propia vida.
Y descubrí que perseguir un objetivo difícil no necesariamente significa sacrificarlo todo.
Muchas veces significa aprender a estructurarte mejor, organizar tu tiempo, proteger tu atención, ser constante y también saber cuándo descansar.
Hace poco escuché al astronauta mexicano José Hernández contar cómo fue rechazado repetidamente por la NASA antes de finalmente ser seleccionado.
Su historia me hizo pensar mucho en este proceso.
Porque quizá el sentido del fracaso no está en caer, sino en no dejar que una caída decida por ti si debes seguir intentándolo.
Un resultado adverso duele. Pero también puedes aprender de él, recuperarte, ajustar y volver a intentarlo si aquello que persigues sigue teniendo sentido para ti.
Tener mejores herramientas para servir mejor
Aprobar Level I no me convierte en CFA charterholder. Este es solamente un paso dentro de un camino que continúa con Level II, Level III y los demás requisitos del CFA Program.
Pero el conocimiento adquirido sí empieza a tener aplicación desde hoy.
Me permite analizar inversiones con mayor profundidad, hacer mejores preguntas, comprender mejor el riesgo y evaluar con mayor criterio las alternativas que presento a mis clientes.
Y esa era una de las principales razones por las que comencé este camino.
No acumular letras después de mi nombre.
Tener mejores herramientas para servir mejor.
Quiero agradecer a Ignacio y a todo el equipo de Bademia, profesores y mentores que me acompañaron con recursos, flexibilidad y una forma práctica de explicar conceptos que algunas veces parecían escritos específicamente para complicarte la existencia. También a mi pareja, a las personas que estuvieron cerca durante estos meses y a mis clientes. Su confianza es también una de las razones por las que quiero seguir preparándome.
Ahora toca disfrutarlo.
Y después, continuar.
Level II será otro reto, otra etapa y seguramente traerá nuevas cosas que aprender.
Pero después de cuatro intentos, me quedo con algo que va mucho más allá de haber aprobado un examen:
El resultado se disfruta, pero en la persona en la que te conviertes durante el proceso está la verdadera recompensa.