
Durante las últimas semanas estuve leyendo Tácticas de Cracks, de Oso Trava.
El libro parte de una pregunta:
¿Qué hacen diferente las personas que consiguen resultados extraordinarios?
Después de entrevistar a más de 200 personas destacadas en negocios, deporte y otras disciplinas, Oso reúne hábitos, decisiones y formas de pensar que encontró en muchas de ellas.
Pero curiosamente, lo que más me dejó el libro no fueron las tácticas.
Fueron las preguntas.
¿Qué quiero construir?
¿En quién necesito convertirme para hacerlo?
¿Qué tendría que aprender?
¿De quién necesito rodearme?
¿Qué hábitos necesito desarrollar?
¿Y para qué quiero conseguir todo eso?
Cada meta exige una versión diferente de ti
Si quieres dirigir una empresa más grande, probablemente tendrás que aprender a delegar.
Si quieres ser mejor inversionista, necesitarás estudiar y desarrollar criterio.
Si quieres mejorar tu salud, tendrás que cambiar hábitos.
Y si quieres jugar en un nivel diferente, probablemente tendrás que empezar a relacionarte con personas que ya juegan ahí.
Por eso cada vez me interesa menos observar únicamente qué consiguieron las personas que admiro y más entender:
¿Cómo piensan? ¿Qué saben? ¿Cómo utilizan su tiempo? ¿Qué sistemas construyeron?
No para copiar sus vidas, sino para ampliar mi referencia de lo que es posible y decidir qué quiero incorporar a la mía.
También cambió mi forma de entender ser empresario
Durante años escuchamos:
¿Cómo vendo más?
¿Cómo consigo más clientes?
¿Cómo incremento mis ingresos?
Todas son preguntas válidas.
Pero hoy me parece más interesante otra:
¿Qué problema importante soy capaz de resolver?
Porque cuando realmente entiendes el problema de alguien, dejas de pensar solamente en vender un producto y empiezas a pensar en generar un resultado.
Y quizá ser empresario tenga mucho más que ver con eso:
¿Qué quiero cambiar y para quién quiero cambiarlo?
El dinero importa, por supuesto.
Pero cada vez lo veo menos como el marcador del juego y más como una herramienta para construir libertad, experiencias, patrimonio y capacidad de decidir.
Si algo importa, hay que diseñarlo
Otra idea que me llevo es que las intenciones no son suficientes.
Si quieres ahorrar, crea un sistema.
Si quieres cuidar tu salud, construye hábitos.
Si quieres aprender, reserva tiempo.
Si quieres desarrollar un equipo, crea procesos.
Y si quieres descansar, también hazle espacio.
Esto me llevó a una pregunta bastante incómoda:
¿Mi agenda, mis hábitos, mis gastos y mis decisiones realmente reflejan aquello que digo que es importante para mí?
Porque una cosa es decir quién quieres ser.
Otra es construir una vida coherente con esa persona.
Entonces, ¿qué significa tener éxito?
Después de leer historias de empresarios, atletas y personas con resultados extraordinarios, esperaba terminar pensando más en metas.
Terminé pensando más en el camino.
Una de las ideas del final del libro que más me gustó es entender el éxito como saber en quién quieres convertirte y tener la oportunidad de levantarte cada día para intentarlo.
Y creo que ahí conecta todo.
No quiero convertirme en las personas que admiro.
Quiero aprender de ellas para ser más intencional respecto a la persona en la que yo quiero convertirme.
Porque quizá crecer no consista simplemente en ganar más, vender más o conseguir reconocimiento.
Quizá consista en desarrollar las capacidades necesarias para generar el impacto que quieres generar y construir una vida que tenga sentido para ti.
Así que después de Tácticas de Cracks me quedo con tres preguntas:
¿En quién quiero convertirme?
¿Qué quiero cambiar a mi alrededor?
¿Y qué puedo hacer hoy para acercarme un poco más a esa persona?